La enfermedad que vemos por todas partes, la amargura y el hastío que la vida inspira en tantos de nosotros, sólo es el reflejo de la enfermedad que llevamos dentro. La profilaxis nunca nos protegerá contra la enfermedad del mundo, porque llevamos el mundo dentro. Por maravillosos que lleguen a ser los seres humanos, la suma total producirá un mundo exterior doloroso e imperfecto.
[…]
Estar enfermo, estar neurótico, si preferís, es pedir garantías. El neurótico es el lenguado que se queda en el lecho del río instalado y a salvo en el barro, en espera de que lo arponeen. Para él la muerte es la única certeza y el temor a esa siniestra certeza lo inmoviliza en una muerte en vida mucho más horrible que la que imagina sin saber nada sobre ella.
[…]
Y así, el analista dice: “¡Adáptate!” No quiere decir, como algunos prefieren pensar “adáptate a este estado de cosas corrompido”. Quiere decir “adáptate a la vida! ¡Conviértete en un adepto!”. Ése es el ajuste supremo: convertirse en un adepto.